Bienvenido a la ley Weber-Fechner. Para un niño de cinco años, un año es una quinta parte de toda su vida, una gran parte. Para una persona de 40 años, es solo el dos y medio por ciento.
Un pequeño destello imperceptible. Matemáticamente, has vivido la mitad de tu tiempo subjetivo a los 20 años, pero el verdadero asesino del tiempo no son las matemáticas, es la rutina. Tu cerebro es un montador perezoso cuando haces lo mismo: trabajo, casa, teléfono, sueño... y deja de grabar recuerdos, ve duplicados y presiona: eliminar.
Vives en piloto automático, y para tu conciencia, estos días simplemente no existen. Te despiertas, parpadeas y tienes ya 10 años más. La rutina es la anestesia, bajo la cual nos someteman a una operación, que llaman vida. La única forma de ralentizar el tiempo es el miedo, dolor o una novedad. Recuerda como el tiempo se pasa lentamente en una emergencia o en la cola al dentista. Así que si tu año pasó volando, tengo malas noticias para ti. Probablemente ni siquiera viviste este tiempo. Facilmente has rebobinado este año.

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